Definamos primero qué es un necio: «Persona que insiste en los propios errores o que se aferra a ideas o posturas equivocadas demostrando con ella poca inteligencia.»
Podríamos preguntarnos, ¿cómo es posible que cometamos los mismos errores a sabiendas de las consecuencias? No es precisamente por falta de conocimiento o de acceso a la información, sino que evidencia algo más y sería interesante analizarlo en aras de aprender algo que nos sirva.
Vayamos a un ejemplo ilustrativo. Si acudes a un centro de salud de la Seguridad Social observarás carteles de campañas contra el consumo de tabaco, presentando todo lo nocivo que es en sus componentes: 4000 sustancias diferentes, 69 de ellas altamente tóxicas y cancerígenas. Entre ellas: amoniaco, arsénico (veneno contenido en raticidas), butano (combustible doméstico), cianuro (empleado en las cámaras de gas). Datos de la Asociación Española Contra el Cáncer.
A pesar de toda esta información científica y preventiva, en muchas ocasiones observamos a médicos, enfermeras, personal sanitario, auxiliares… en las puertas de los hospitales consumiendo tabaco en forma de cigarrillos.
Llama poderosamente la atención, ya que es un colectivo con sobrada información y experiencia de primera mano en el tratamiento de personas con enfermedades graves como consecuencia del tabaco.
Sabiendo lo perjudicial que es, ¿cuántas veces habrán intentado dejar el tabaco?
De igual manera el estar atrapado en algo que sabes que no te conviene es aplicable a otras situaciones que igualmente sabes te son perjudiciales pero que no tienes capacidad para librarte de ellas.
Esto me hace pensar que hay una condición en el ser humano que lo limita, un deseo que supera su propia lógica y razonamiento, una insatisfacción que lo lleva a hacer incluso aquello que le perjudica. Aun teniendo la voluntad de hacer lo bueno, hace lo malo.
Pero sí, existe la posibilidad de vivir como sabios en lugar de hacerlo como necios y en todos los ámbitos de nuestra vida.
Aristóteles en una de sus máximas dijo: “El objeto de una persona sabia no es asegurarse el placer sino evitar que exista el dolor”.
Por su parte, Molière manifestó que “Un necio instruido es más necio que un ignorante”.
Pero la buena noticia es que el evangelio de Jesucristo tiene un respuesta práctica y eficiente para nuestra condición humana. La impronta de su mensaje y liberación por medio de su muerte y resurrección trayendo una nueva vida produce la sabiduría y la fortaleza para no cometer el mismo error una y otra vez.
El poder del evangelio trabaja en nuestro espíritu dándonos la convicción que hace posible que el dominio propio sea una realidad, sobre todo en situaciones que perjudican nuestra salud integral (espíritu, alma y cuerpo) y bienestar.
En Romanos 1:16 el apóstol Pablo dice: “No me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” .
Y en 2ª Timoteo 1:7 también leemos: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.
¿Quieres ser sabio y verdaderamente libre? Deja que Jesús tome las riendas de tu vida.