No podemos negar que tenemos conciencia. Esta nos ayuda a no hacer el mal, a no cometer delitos, ni errores. Aún conduciendo la activamos y procuramos ser responsables con nuestros vehículos, y no solo por temor a un potencial castigo (una multa de tráfico), sino porque nuestra conciencia nos impide hacer lo contrario.
Esta es la evidencia de que no nos gusta el mal, y que nos gusta hacer el bien.
¿De dónde sale ese entendimiento?
Habría que hacer un ejercicio forzado de razonamiento para pensar que la conciencia es el mero resultado de algún fenómeno mecánico o físico (llámese Big Bang o cómo querramos llamarlo).
Para mí tiene más sentido que alguien superior, con sentimientos y de espíritu noble, haya dado lugar a que los seres humanos experimentemos la conciencia. Y este punto de inflexión nos lleva al concepto de haber sido creados. Entonces, ¿de dónde venimos?
En la mayoría de los casos, las personas adoptadas tiene el afán de saber quiénes son sus progenitores. Las plantas buscan la luz del sol para su desarrollo y crecimiento.
Si aceptamos que hemos sido creados por el Dios Creador, surge la inquietud de querer conocerle de verdad, lo cual expande nuestro entendimiento y espíritu en una actitud proactiva que da lugar a encontrarnos con la más grande historia de amor que jamás el ser humano puede encontrar.
El evangelio de Jesucristo dice: “De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquél que en Él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna” (San Juan 3:16).
Cuando dice que la persona «no se pierda» se refiere el estado en que el ser humano no le encuentra sentido a la vida, porque anda desorientado, confuso. Y en ese estado toma el camino que le parece, a ciegas, y muchas veces plagado de errores y decisiones equivocadas que a menudo tienen consecuencias trágicas irreversibles, sin ninguna esperanza.
Duele en el corazón saber que, por ejemplo, en España haya 11 suicidios diarios (según las estadísticas de 2020). Pero hay esperanza real para este tipo de situaciones si damos lugar al poderoso mensaje de alguien del evangelio, que dice que Dios nos ama con amor genuino y para nuestro bien.
Recordemos que nuestro ser está creado para “amar y ser amados”, ¡que es lo más hermoso! Y que,
a la práctica, esto resuelve la cantidad de conflictos que sufrimos a todos los niveles: personales, familiares, de los colectivos, de los pueblos y de las naciones.
“Ama a tu prójimo como a ti mismo», nos dice el evangelio de Jesucristo. Entonces, ¿porqué tanta indiferencia a un amor tan sublime?
Si nuestro corazón desea el bien, lo noble, lo sencillo, ¿cuál es la razón para no darle siquiera una oportunidad a Dios para que nos haga entender su amor?
No hay que tener temor. Cada uno por si mismo puede llegar a la conclusión de que vale la pena escuchar y prestar atención al mensaje del evangelio, que produce un antes y un después en nosotros.
Estas reflexiones son un acto de responsabilidad ante nuestro prójimo, porque sería mezquino e irresponsable no dar la respuesta de nuestro Dios para un mundo que se deshace a pedazos a todos los niveles.
Un cariñoso saludo,
Pastor Armando Forero.








