La clave para resolver los conflictos en el matrimonio (II)

La carta del apóstol Pablo a los efesios dice en el capítulo 5:28:  “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama”.

Esta afirmación podría parecer paradójica. ¿Cómo es posible que poniendo mi foco de atención en otra persona salga yo beneficiado? Parece que nuestro instinto de supervivencia nos lleva por el camino contrario. Pero si entendiéramos esta afirmación en toda su profundidad, no existiría lo que hoy llamamos “machismo” (por el que recientemente hubo una reivindicación femenina, y con razón, por cuanto una gran parte de la sociedad masculina no ha entendido lo profundo del amor verdadero). Y probablemente viviríamos en una sociedad más justa y pacífica.

En la primera parte de esta serie de artículos, recordamos que en el matrimonio las personas “ya no son dos, sino una”, lo cual complementa esta idea de que si amamos a nuestra pareja, nos estamos amando a nosotros mismos.

A nivel práctico esto tiene mucho sentido. En mi matrimonio, yo como hombre mantendré mi bienestar y equilibrio emocional si amo a mi mujer verdaderamente, es decir, amándola de manera incondicional, sin estar resaltando sus errores, defectos o equivocaciones. Donde hay una actitud noble, no puede haber lugar para el reproche y el sermoneo destructivo. La buena actitud del hombre debe no resaltar el error de su pareja, sino cubrirlo. Por eso, leemos en la Biblia que: “El amor cubre multitud de faltas” (Proverbios 10:12).

También la Biblia nos dice que: “lo que se siembra se recoge”. Por lo tanto, si siembro amor profundo, recogeré amor profundo. Creo que es práctico y sencillo entender que el que “ama a su mujer, a sí mismo se ama”, porque tarde o temprano, si el marido ama incondicionalmente, cosechará amor incondicional.

Esto, a los hombres, si somos un poco inteligentes y queremos vivir un matrimonio que valga la pena, nos debe mantener lejos de un egoísmo nocivo (machismo) tanto para el hogar como para nosotros como personas. El machismo es un camino ancho que nos lleva a la perdición. Y el amor incondicional es un camino estrecho, incómodo, pero que lleva a la vida verdadera.

A la vez, y aunque sorprenda a muchos que no quieren entender lo profundo de todo esto, que el marido ame a su mujer como a sí mismo tiene mucho que ver con ser la “cabeza del hogar”. Esta expresión no quiere decir que el hombre es el “jefe”, la persona que manda, o la que tiene la última palabra porque es la más inteligente y capacitada de la casa. Sino que Dios, conociendo la condición humana del hombre, demanda a los esposos a ser especialmente responsables con el hogar, ser protectores, tomar acción para resolver situaciones, no acomodarnos, tener iniciativa… Siendo ejemplo, sin miedo a ser los primeros que sembremos amor incondicional.

Lo mismo que Jesús hizo por nosotros.

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2 thoughts on “La clave para resolver los conflictos en el matrimonio (II)

  1. Consideró apropiada esta exhortación pues la idea ha partido De Dios mismo al considerar a la mujer su ayuda idónea. Gracias por el consejo.

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