Desde una perspectiva negativa del orgullo, se nos define inicialmente como: “el concepto exagerado de sí mismo y que nos puede llevar a la soberbia”.
“Este tipo de orgullo nos incapacita para reconocer y enmendar nuestro propios errores y pone de manifiesto la falta de humildad” (Fátima S. Franco. Psicóloga Universidad Internacional de Valencia.)
El orgullo marca la condición humana en su aspecto negativo, siendo en el fondo la raíz de muchos de los conflictos humanos en todas sus vertientes: familiares, sociales y a nivel de instituciones de cualquier índole.
Encontramos citas interesantes de pensadores, poetas, novelistas a lo largo de la historia de la humanidad en referencia al orgullo:
“Si no se modera tu orgullo, él será tu mayor castigo” (Dante Alighieri. Escritor y filósofo italiano 1265-1321)
“El orgullo es el complemento de la ignorancia” (Bernard de Fontenelle. Filósofo francés 1657-1757).
Dicho esto, vamos a ver qué dice la Biblia la respecto. Nos tenemos que remontar al registro de los profetas:
“Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana… tú que decías en tu corazón… levantaré mi trono, y seré semejante al Altísimo” Isaías 14:12
También: “Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría y acabado en hermosura. En Edén en el huerto de Dios estuviste. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor… y yo te arrojaré por tierra” Ezequiel 28: 12-18
Eruditos exégetas señalan estos registros como la explicación del origen de aquel ángel que en su soberbia (orgullo) en el cielo desafió al mismo Dios y que a causa de su soberbia fue arrojado a la Tierra y vino a ser el diablo (un ser maligno sobrenatural).
Ahora bien, es evidente que el orgullo negativo está presente en el ser humano desde sus primeros pensamientos.
El registro de los profetas lo sitúa en el mismo Edén: entre los ángeles creados por Dios hubo uno que se enalteció y quiso ser semejante al Altísimo; su esplendor y sus características especiales no le fueron suficientes, y en su enaltecimiento cayó en la soberbia.
En el post publicado anteriormente “¿Por qué tendemos a desobedecer?”, explicábamos que desde nuestra primera infancia se manifiesta esa carácter desafiante que hace que tendamos a desobedecer. Lo asociábamos a lo que se llama el “pecado original” (condición humana que trata de llevarnos a actuar con soberbia), y podemos decir que inducidos por el ADN del diablo engañando a los primeros seres creados.
Y al heredarlo, nos vemos desde que nacemos con esa situación.
En consecuencia, a medida que crecemos, se va acentuando la soberbia y en la edad adulta nos damos cuenta que hay una lucha interna en nosotros que necesitamos controlar, porque de otra manera, nos podemos ver en conflictos innecesarios, sobre todo cuando se trata de relaciones con seres queridos (familia y colectivos cercanos), como también en el desarrollo de nuestras relaciones personales.
También decía el filósofo francés Auguste Comte ( 1798-1857): “Mucho más que los intereses, es el orgullo quien nos divide”.
Desde la fe cristiana podemos recordar las palabras de Jesús en los Evangelios: “…aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón… y hallaréis descanso para vuestras almas”. Mateo 11:29
Sin duda, vale la pena aprender de Jesús esta máxima.
Si esta muy claro, gracias por recordarnos que la soberbia es el origen de toda maldad y que después del orgullo viene la humillación, yo lo he vivido en carne propia. Por eso para no caer en la deshonra hay que tratar de ser humildes siempre, nos conviene para no ser deshonrados después y también para que nuestras oraciones sean escuchadas por Dios, pues Dios resiste a los orgullosos. Gracias y que Dios los bendiga.