La clave para resolver los conflictos en el matrimonio (I)

“Por esta razón la persona dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer/marido, y los dos serán una sola carne. Por consiguiente, YA NO SON DOS, SINO SOLO UNO.” S. Mateo 19: 5-6

 

Este principio es la base fundamental de la unión matrimonial. Si nos quedamos anclados en que “tú eres tú, y yo soy yo”, en el fondo no estamos aceptando la esencia de la unión.

Aunque cada miembro de la pareja viene de diferente familia, una vez decidimos formar “nuestra familia”, entramos en la dimensión de que hemos decidido voluntariamente unirnos a una persona, para no más ser dos, sino una.

Observa que inicialmente partimos de “dejar padre y madre”, lo que quizá significa “desligarnos” del núcleo más preciado hasta entonces en nuestra existencia, y de la unión más trascendente de nuestra identidad; pero que al momento de escoger una persona para formar mi “nuevo núcleo familiar”, un ADN mucho más profundo ha de tomar lugar.

La unión matrimonial es muchísimo más que “rostros y maneras de ser guapos”. Es una aceptación de que “VOY A SER UNA SOLA PERSONA CON MI CÓNYUGE”. Es cuestión de un nuevo ADN, que entre otras cosas voy a trasmitir a mis hij@s en el caso de que los haya.

Si piensas diferente, dejas la puerta abierta a resaltar diferencias que indudablemente distancian a la pareja.

Nos hacemos mejores el uno al otro, por medio de un espíritu de entrega y sacrificio, pero que parte de la base de que no somo ya dos, sino sólo uno.

Aquí hemos de recordar palabras de Pablo, el apóstol: “El que ama a su mujer (o marido), a sí mismo se ama” (carta a los Efesios 5:28).

Quizá esto hoy en día no sea muy popular, pero es la única forma en que estaremos preparados para afrontar las diferencias (que siempre van a haber en una relación de pareja) con una expectativa de éxito beneficiosa para nosotros y nuestros hij@s.

Puedes atrincherarte en el “yo soy yo”, pero estarás jugando a una partida en que la meta será otra y no para la que inicialmente contrajiste matrimonio.

Dios nos da sabiduría para ir creciendo en este entendimiento dentro de la pareja que, a la práctica, es lo que queremos todos y nunca las rupturas.