Imagina una piscina llena de agua. Esa piscina eres tú.
Ese volumen de agua tiene una superficie y un fondo. La superficie corresponde a lo que sería tu alma. Aquella parte de ti que tiene que ver con tus sentimientos, tus pensamientos y tu voluntad.
En la superficie del agua de esta piscina cada día caen hojas, quizá insectos y elementos de poco peso. Esto es el día a día de nuestra vida. Días en que nos “caen” problemas, enfermedades, contratiempos, retos en el trabajo, conflictos en el hogar con el cónyuge, desafíos con los hijos, escasez de dinero, falta de tiempo…
Así como la superficie de la piscina se tiene que limpiar cada día para que pueda cumplir con su propósito, en nuestra vida cotidiana hemos de tener cierta actitud para salir adelante en medio de todos esos contratiempos y evitar que nos destruyan.
Muchas veces nos vemos superados por toda esa “suciedad”, y si no hacemos nada al respecto, esta suciedad empezará a hundirse en el agua e irá profundizando hasta llegar al fondo de la piscina, haciendo más complicada su limpieza.
El fondo de la piscina es tu espíritu, donde se deposita toda esa basura que no limpiamos del alma, y donde empieza a crecer desesperanza, tristeza, amargura, resentimiento, soledad, desconfianza, odio… Todo esto no solo deriva en problemas emocionales, sino incluso puede llegar a detonar enfermedades físicas.
Esa parte profunda de tu ser, tu espíritu, necesita ser liberada de este escenario para poder sentirte una persona completa, con propósito. Pues ¿quién quiere bañarse en una piscina sucia?
Algunos, de manera subconsciente, quieren resolver esta situación camuflando el fondo, ¡pero no hacen más que ensuciarla aún más! Lo hacen a través del materialismo, la adicción al trabajo, la autorrealización en los estudios, el entretenimiento a cualquier precio, la evasión en sexo, drogas, alcohol… Camuflando tanto con cosas “buenas” (culturalmente aceptadas) como cosas malas (hábitos autodestructivos) el fondo de su piscina.
Dios, a través de Jesús, nos muestra cómo mantener limpio el alma para tener nuestro espíritu intacto, y así poder vivir una vida llena, satisfactoria y con propósito, donde las contingencias diarias de la vida, en vez de destruirnos, nos perfeccionan y nos llevan a descubrir los tesoros más valioso de nuestra existencia.
Para comentar: ¿Qué cosas están ensuciando tu alma (pensamientos, sentimientos y voluntad? ¿Qué dice Jesús que puedes hacer para cuidar tu espíritu?